Opinión. Nueva significación de la política local

En un compendio elaborado por el Instituto de Altos estudios de la América Latina publicado en París por el Centro Nacional de Investigación Científica y dirigido por Guy Martiniere y Jean Revel-Mouroz en 1989, en uno de sus trabajos titulado: “El municipio, lugar de democracia”, su autor Francisco Zapata se interroga sobre la significación nueva de la “política”, que cambia de sentido y se enriquece cuando se expresa a nivel local.

El libro es demasiado voluminoso como para ser comentado, pero subrayaré que luego de 17 años de ser publicado el sujeto de análisis que es la institución municipal está en plena vigencia, incluso, diríamos que con mayor vigor que en el pasado, tomando en consideración las nuevas tendencias que otorgan a las localidades un peso político mayor que en décadas anteriores.

En el Ecuador este giro que revaloriza la política en las instancias municipales tiene diversas causalidades: a) el incremento demográfico de las ciudades; b) la crisis del Estado central y su inestabilidad; c) el deterioro de servicios urbanos otrora administrados por el Estado; d) la deslegitimación del cacicazgo citadino de viejo cuyo populista; y, e) la emergencia de nuevos movimientos sociales que emplazan sus demandas de manera más explícita en el entorno urbano, etc. Ese cambio de sentido de la política como servicio público tiene indiscutiblemente en Guayaquil su máxima expresión y, a no dudarlo, su factor más creativo.

No es por lo tanto un accidente que el evento de municipalistas iberoamericanos se realice en Guayaquil. En nuestra ciudad ya lo hemos dicho muchas veces, un proyecto político municipal se viene construyendo a pulso; proyecto que tiene una visión integral: desde lo físico y social hacia lo cultural y antropológico. Lo sui géneris de este proceso es que ha ocurrido y ocurre en un contexto de crisis institucional generalizado, como si la inestabilidad predominante en el escenario nacional hubiese encontrado una válvula de escape para que se instaure una nueva racionalidad política en el ámbito local. Solo esta constatación vuelve muy enriquecedora la experiencia y la convierte en un interesante objeto de estudio académico, que supongo habrán constatado los expertos reunidos en el evento.

Si en algo queremos aportar desde esta columna a los esclarecidos debates que se habrán dado, diremos que el ensayo político del Municipio de Guayaquil deja las siguientes lecciones: a) Un mandato continuo, avalizado en las urnas, durante un largo período, que ha posibilitado una estrategia de largo plazo; b) la descentralización de la obra pública y social a través de sistemas de operación privados con fuerte supervisión municipal; c) un liderazgo con autoridad y decisión para emprender los cambios, d) un concepto moderno de administración y gestión de los servicios urbanos; e) un discurso municipal exento de demagogia y más bien centrado en las realizaciones y concreciones; y, f) una visión de ciudad global y abierta a tono con su propia composición capitalista y comercial. Con todo esto no queremos afirmar que Guayaquil haya logrado superar los graves y grandes problemas que la aquejan, pero indiscutiblemente el avance que se ha dado supera lo imaginable si nos retrotraemos una década y media, donde la ciudad estaba en la más grande postración.

La temática pujante de los gobiernos locales está en el centro de la preocupación académica, empresarial, ciudadana y política de Iberoamérica. Justamente, en el mes de octubre pasado en el marco del XVIII encuentro del Tercer Sector en Iberoamérica realizado en México, me correspondió presentar la agenda del próximo encuentro Iberoamericano que tendrá como sede la ciudad de Guayaquil en el 2008; agenda que fue acogida por unanimidad teniendo en cuenta las materias que se tratarán, que a grosso modo serán las siguientes: Ciudadanía y desarrollo local; la empresa como actor social urbano responsable y los desafíos modernos del desarrollo local, donde se tratarán los modelos exitosos de gestión y administración local en Iberoamérica.

Paúl Velasco Ruiz