Opinión. Desarrollo local y descentralización en El Salvador.

Por Rafael E. Gochez.

Partiendo del postulado que lo que hace un gobierno en sus primeros 18 meses es lo que caracteriza su gestión, se puede inferir que el desarrollo local sostenible (DLS)  no será el distintivo del gobierno 2009-2014. Refinanciar las deudas municipales y compensar las transferencias municipales (FODES) con préstamos externos no es sinónimo a DLS; crear gabinetes departamentales no significa descentralizar; y gobernar sin una política de ordenamiento territorial y sin una de descentralización, es sinónimo a salvaguardar el estatus quo.   

El programa de gobierno “Nace la esperanza, viene el cambio”  afirmaba que para el nuevo gobierno, el ordenamiento territorial tendría como propósito frenar su actual desequilibrio y propiciar el enfoque de cuenca hidrográfica. Además se prometía que el Gobierno del Cambio promovería la gestión  territorial dentro de una nueva visión de desarrollo.

El Plan Quinquenal de Desarrollo 2010-2014 esboza una estrategia de  desarrollo territorial y descentralización. A la fecha, hay más preguntas que respuestas. ¿Qué organizaciones gubernamentales están dispuestas a descentralizarse? ¿Qué sectores serán los primeros en descentralizarse? ¿Qué recursos hay para la gestión sostenible del territorio? ¿Cuáles son las nuevas políticas, estrategias y leyes para impulsar el DLS? ¿Cuál es la viabilidad técnica-institucional del proyecto de ley de ordenamiento y desarrollo territorial recientemente aprobado por la Asamblea Legislativa?

Estas interrogantes indican, entre otros, los siguientes aspectos: el abordaje territorial sigue tímidamente expresado en los programas gubernamentales y las agencias de cooperación externa no encuentran una plataforma de políticas públicas a favor de la gestión sostenible del territorio. Este vacío indica que las cosas no están claras y que el DLS sigue haciendo cola. Lo delicado de esta indefinición es que el calendario electoral (2012-2015) hará que el DLS se ponga en el congelador y que la apertura interna siga postergándose.

2011 es el año de la inversión pública, por lo que se habrá desaprovechado un buen momento para impulsar la descentralización. 2012 será un año electoral y se ajustará el mapa político. 2013 se visualiza con limitaciones fiscales. En este sentido y dado que las familias y comunidades siguen sin ampliar sus oportunidades económicas y sin sentirse seguras en el lugar que viven, es probable que el DLS sea un tema clave en la contienda presidencial 2014.

En resumen, la gestión gubernamental ya está siendo influenciada por el calendario electoral y ello obstaculiza el avance del DLS. ¿Por qué? Debido a que las elecciones 2012 son territoriales y, por lo tanto, toda medida a favor del DLS corre el riesgo de ser catalogada como partidaria. Además, el funcionario público que lidere la apertura interna puede ser visto como un potencial candidato presidencial 2014, en vista de que tendría cobertura nacional y contacto directo con las comunidades.

La interrogante, entonces, es ¿Cómo pasar de las palabras a los hechos? Construyendo un liderazgo institucional o e implementando un plan de acción a favor del  DLS para los próximos veinte años, con el asocio de la UCA, UES, UFG y UTEC y la cooperación de la AECID, BIRF, BID, GIZ, PNUD, UE y USAID-MCC.

Finalmente, es oportuno exteriorizar que haber postergado el DLS tendrá serias consecuencias. Una de las secuelas será que el gobierno nacional continuará desconectado de las iniciativas locales y la institucionalidad territorial seguirá haciendo falta. Por otra parte, los defensores del estatus quo persistirán argumentando que el DLS no es viable debido a la poca capacidad de gestión de los actores locales. Así las cosas, el primer gobierno de izquierda en El Salvador habrá reforzado un modelo centralista y excluyente de desarrollo.

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